«Las cuencas mineras están dejadas de la mano de Dios»

Leonés de nacimiento, pero guardense de corazón, este exconcejal y docente abarca en su primera novela las luchas de los mineros

[Una información de José Rojo – El Norte de Castilla]

«Albino Aláez Urdiales (San Bartolomé de Rueda, León, 1954), residente en Guardo desde 1980, licenciado en Filología Española por la Universidad de Oviedo y con más de cuarenta años dedicados a la docencia, firma su primera novela, ‘Juan, el vencejo de alas rotas’, una publicación que ha trenzado a lo largo de cuarenta años y que ha sido presentada en la Biblioteca Pública de Palencia. Aláez, que ejerció como concejal de IU en Guardo desde1987 hasta 2003, es autor, también, de ‘Fuentes Carrionas era una residencia y ‘De Moreno a Cañamero’.

–Es leonés de nacimiento, pero lleva residiendo en Guardo cuarenta y seis años…

–Nací en San Bartolomé de Rueda, en un pueblecito que tendrá ahora siete habitantes y en el que sus habitantes se dedicaban a la agricultura y ganadería de subsistencia. Mis abuelos tuvieron cinco hijos y mi padre, junto a su familia, se trasladó a La Llama de la Guzpeña para trabajar en las explotaciones mineras de la zona y allí viví hasta los 31 años. Yo soy licenciado en Filología Española y cuando acabé la carrera, me presenté un año a las oposiciones para maestro, pero no las aprobé, y, como no podía estar un año más preparando más oposiciones porque tenía que trabajar, en el año 1980 un compañero y yo solicitamos al Ayuntamiento de Guardo, un local para impartir clases durante el verano, nos lo adjudicaron y como no nos fue nada mal, en octubre alquilamos otro local y montamos una academia y hasta hoy.

–¿Por qué motivos se desvinculó de la política?

–Yo fui concejal de IU desde 1987 hasta 2003 y, aunque desde este último año no encabezo ninguna lista, sigo siendo militante de Izquierda Unida; no estoy en primera línea, pero sigo apoyando al partido.

–La novela ‘Juan, un vencejo de alas rotas’ está ambientada en el período huelguístico de las cuencas mineras de finales de los años 50 y principios de los 60.

–Ese es el germen del libro. En las cuencas mineras de Palencia y de León trabajaron muchos hombres procedentes de Extremadura y en menor medida de Andalucía, pero, a partir de los años 60, llegó una remesa de mineros asturianos para trabajar en esas minas y nadie se preguntó qué motivó su llegada. Más tarde, nos enteramos de que la causa no fue otra que la represión franquista hacia esos mineros como consecuencia de las huelgas que protagonizaron durante esos años por las ínfimas condiciones laborales que padecieron y, en aquella época, las huelgas estaban prohibidas y muchos de ellos fueron torturados, encarcelados y alrededor de 200 mineros fueron deportados fuera de Asturias, recalando en las cuencas palentina y leonesa, algunos de los cuales se establecieron definitivamente en nuestro territorio.

–¿Recrear ese episodio en la novela le ha requerido dedicar un mayor tiempo a la hora de ensamblarla?

–La novela consta de dos partes, pero, en principio, sólo iba a dedicarle una, que se fundamentaba en la discusión de dos adolescentes, uno de ellos, hijo de un deportado asturiano, y el otro, un nativo del lugar, y en la que se recreaba la vida de los años 60 y 70. Sin embargo, después, la historia fue avanzando y, como parecía que la novela estaba incompleta, decidí centrarme también en la problemática de los mineros, que ocupa la segunda parte, y eso me llevó investigar sobre el tema. No obstante, es una novela y no está sujeta al análisis científico. Hay elementos basados en hechos reales, pero, también, hay ficción.

–¿Cuánto tiempo le ha llevado el proceso creativo?

–Este libro lo empecé en 1982. Había escrito sobre el tema alrededor de veinte folios, que se los entregué a una alumna alemana de la academia para que hiciera un resumen sobre ello y, al cabo de una semana, me presentó una crítica somera que me hizo pensar que podía escribir algo más profundo. Y, con el paso del tiempo, la historia fue avanzando, extendiéndose hasta el intento del golpe de Estado del 23-F, y terminé de escribirla hace cuatro años.

–Antes de esta publicación, firmó otros dos libros: ‘Fuentes Carrionas era una residencia’ y ‘De Moreno a Cañamero’.

–’Fuentes Carrionas era una residencia’ es una crónica novelada que hice sobre el actual ambulatorio, un edificio que funcionó durante un año como una residencia de ancianos, actividad para la que se construyó y cuyas obras se prolongaron durante quince años. Escribí este libro de denuncia para dejar constancia de que el edificio se construyó para ese fin hasta que un alcalde de Guardo se encaprichó en reconvertirlo en ambulatorio un año después de su apertura como residencia de ancianos. Y ‘De Moreno a Cañamero’ recoge los cerca de veinte discursos que escribí a los galardonados con el Premio a la Coherencia, que promovió anualmente Izquierda Unida de Guardo desde 1994.

–’Juan, un vencejo de alas rotas’ aborda temas como la identidad, la memoria, la amistad…

–Es un libro de lectura fácil, y no lo digo por presunción, pero no conviene leerlo de un tirón porque creo que está muy bien escrito, y no lo digo por chulería, y hay que detenerse en los detalles. La novela en sí tiene 163 páginas y, como complemento, hay cerca de treinta páginas que titulo ‘Apuntes sociológicos de la época’.

–¿Tiene tintes autobiográficos?

–Los protagonistas son dos adolescentes: Juan y otro, que no tiene nombre porque lo describo en primera persona. Son hechos que yo mismo he vivido, por lo que habrá elementos que pueden ser reflejo de mi vida, pero ésa no es la intención, sino que lo que pretendo es recrear el ambiente de la época en la que transcurre la historia. La situación es ficticia. Juan existió, fue vecino mío, pero no tenía la personalidad del personaje; lo he deformado completamente.

–¿Cree que las cuencas mineras españolas han sido los territorios del país más masacrados por la acción humana?

–Desde el punto de vista medioambiental, sí. En Guardo todavía conservamos las heridas de los desmontes, pero de lo que no nos podemos olvidar es que las cuencas mineras han sido la fuente energética durante cien años y, ahora, estamos dejados de la mano de Dios, sobre todo, en la zona de Palencia. Hay bastante pasotismo por parte de las administraciones y falta de exigencia por parte del pueblo de Guardo y de sus dirigentes.

–¿Qué opinión le merecen los intentos de regenerar las cuencas mineras de Castilla y León, a las que se ha destinado un ingente volumen de fondos nacionales, regionales y europeos desde 1998 hasta nuestros días?

–De los fondos Miner, aún no se ha hecho un balance de dónde han ido a parar los millones destinados ni de su eficacia. Y, a pesar de las subvenciones recibidas, en Guardo carecemos de infraestructuras y de proyectos que hayan dinamizado el territorio.

–Tras su paso por la política local de Guardo, ¿cómo ve el presente y futuro del municipio minero?

–En el final de mi novela, cuando se enfrentan dos posturas, la del activismo y la de la comodidad del resto de la gente, el narrador decide bajar los brazos y dice «que sea lo que sea». En Guardo hay una huelga de brazos caídos, empezando por los dirigentes, que no son capaces de reclamar lo que nos merecemos, y, también, por el conformismo de los vecinos, que es lo peor, porque si frente a los dirigentes no hay nadie que les dé con el aguijón, malo lo tenemos. El futuro es bastante pesimista y no se vislumbra ningún tipo de luz, y siento decirlo así, pero los hechos nos están acompañando.»